Un viaje a tiempos bíblicos para ver nacer a El Mesías

San Pedro Sula, Honduras.

Visitar el nacimiento viviente que en vísperas de Navidad presenta la gran familia de la Franciscan School en San Pedro Sula es viajar a los tiempos bíblicos que culminan con el nacimiento de El Redentor del mundo.

Profesores, alumnos, exalumnos y padres de familia se convierten en actores para representar a los personajes que tuvieron un papel importante en la historia de la salvación, en sucesivos escenarios o estaciones que forman parte de un recorrido mágico.

“El objetivo del Nacimiento Viviente Franciscano es que, mediante una experiencia interactiva y pedagógica, podamos compartir el verdadero sentido de la Navidad con las familias y el público en general que nos visita”, dijo la rectora de la institución, Lourdes Fernández.

Herodes ordena la ejecución de los niños nacidos en Belén.

La profesora Eimy Rápalo, ataviada con los hábitos de una monja franciscana, guía a los asistentes por este viaje imaginario al pasado, en el que cobran vida los pasajes de las sagradas escrituras, relacionados con el nacimiento del Niño Dios.

Al inicio del recorrido nos encontramos de repente en El Paraíso con Eva entregando la manzana del pecado a Adán, mientras Isaías, un gran profeta del Antiguo Testamento, anuncia el futuro nacimiento de El Mesías. “He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo y llamará su nombre Emanuel”, dice el hombre que caracteriza al profeta.

Así van pasando ante los ojos de los espectadores escenas como la de la Virgen María y el ángel Gabriel, que le informa: “Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús”.

Cuando el ángel anunció a María el misterio de la Encarnación, le dijo también que su pariente Isabel había concebido un hijo en su vejez, y ya estaba de seis meses aquella a quien llamaban estéril.

La visitación de María a su prima Isabel también es recreada con mucha fidelidad por los actores de la prestigiosa escuela sampedrana, localizada en el sector de Altara.

Antes de entrar al nacimiento viviente, el público puede cambiar lempiras por réplicas de denarios, moneda de plata de la antigua Roma, para comprar frutas, huevos y golosinas en uno de los hipotéticos mercados de la antigua Jerusalén.

Por aquellos tiempos salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Iban todos a censarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, a la ciudad de Belén, para empadronarse con María, que estaba encinta.

Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento del lugar.

Todo esto es representado con naturalidad por los 125 actores distribuidos en las diferentes estaciones.

Una pareja de padres de familia hace el papel de José y María, mientras que el niño Dios es su bebé verdadero que duerme plácidamente en el humilde pesebre, entre los pastores, la mula y el buey.

Los organizadores del evento navideño explican que el Nacimiento Viviente lo inció San Francisco de Asís, el santo de la humildad y de la pobreza, en la Navidad de 1223, en un pueblo llamado Greccio, en Italia. Francisco estaba débil y enfermo, y pensando que tal vez aquella sería su última Navidad en la tierra, quiso celebrarla de una manera distinta y especial.

De la misma manera que lo hizo Francisco de Asís hace 794 años, la institución educativa con espiritualidad franciscana por siete años consecutivos ha reproducido esta hermosa tradición, considerada una experiencia única en el país.

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